Salmón

¿Sentís cuando me alejo? me pregunto si te darás cuenta y se te escapa del cuerpo un estremecimiento esforzado, tal vez un recuerdo o un olvido que despierta. ¿Llegará a existir esa cercanía entre nosotros?, o a lo sumo me corro, te abandono sacudiendo un brazo y te observo al caer. Mi orgullo dice que caés al vacío, pero apenas regreso y bajo la mirada seguís sujeta a un tobillo, por un cordón de mis zapatos. No sé cómo ni por qué, pero sujeta.

Últimamente me siento en desventaja. En cada movimiento te encuentro adelantada, lo que me lleva a pensar que fue siempre así, nada más que ahora saberlo cansa. Toda estrategia, control, cada silencio, cómo sé si están conmigo o si vos los recorrés sin huella. Me incomoda imaginarte con ese acceso alevoso. O peor, de ser así, perturba que me sigas queriendo.

Por momentos siento que ya penetraste demasiado y yo, no hago más que darte vueltas. Con suerte, rozarte una idea para volver despacio al punto inicial y notar tu voz diferente a lo lejos, como quien guarda algo que no es nuestro.

Cuando después de odiarte nos vemos, mis gestos son pura vergüenza. Busco sin éxito al rencor que seguro estaba segundos antes. O se escondió, o me lo sacaste. Puedo mirarte de a ratos, y de a poco me tranquilizo entendiendo que nunca te odié, pese a quererlo.

2 comentarios sobre “Salmón

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