Miserable Sur

Vos eras del barro y desapareciste, por seguirte el barro me cubrió.

Me costó regresar con tu tierra sucia a donde no estabas.

No sé qué fue lo atractivo de una orilla tan anticipada y seca,

incluso me avisaste…

¡extranjero!, cuidado, lo que estás viendo es barro, Riachuelo, no es tu cosa Don Pedro.

Yo era joven. Aun creía en la fábula de los buenos pobres que comen bajo la mesa grande. De los que papá dice que nos muerden las piernas de bronca.

Con esmero crucé la avenida sin darles la espalda. Nadie me robó, no se quedaron con nada mío; solo vos y tu tierra.

Entretanto, sigo siendo norte puro. Mientras, sigo siendo norte altivo. A pesar de que las burbujas del barrio me recelen por las esquirlas indisimulables de mugre.

De aquel lado del Riachuelo, los entes no tienen dueño y no se sufre por mal de amor. En esa miseria se olvidan los hechos, y los lamentos son un lujo extraordinario.

Al otro lado del río, más allá, lo propio y lo ajeno son lo mismo. Todo se reduce a una masa que absorbe y no fue otra que uno de tus reflejos bramando como una tormenta oscura en el horizonte, deambulando igual que el sinsentido de un alud.

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